viernes, 2 de marzo de 2007

La Fábula de la rana y el escorpión

Por Matilda
Las ideas de Rousseau fueron realmente revoluccionarias para su época. Para él, el hombre es bueno y feliz por naturaleza y desarrolla la guerra y la violencia en sociedad.
En cambio para Maquiavelo el hombres es ingrato, esgoísta y voluble por naturaleza y vivir en sociedad no es más que disimular lo que es.

Sería gratificante poder apoyar la tesis algo frívola y extravagante de Rousseau, pero sólo hay que echar un vistazo a los medios de comunicación, en los que la marginación, el hambre, la mentira y el engaño estan a la orden del día, para darse cuenta de que tal vez Maquiavelo no iba tan mal encaminado.

Y es que, quién sabe, a lo mejor debajo de la piel del hombre, sólo hay un escorpión...

Un escorpión, que deseaba atravesar el río, le dijo a una rana:
- Llévame a tu espalda
- ¡Que te lleve a mi espalda! -contestó la rana- ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, ¡me picarás y me matarás!
- No seas estúpida -le dijo entonces el escorpión- No ves que si te pico te hundirás en el agua y que yo, como no se nadar, también me ahogaré?
Los dos animales siguieron discutiendo hasta que la rana fue persuadida. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró y empezaron la travesía. Llegados al medio del gran río, allí donde se crean los remolinos, de repente el escorpión picó a la rana. Ésta sintió que el veneno mortal se extendía por su cuerpo y, mientras se ahogaba, y con ella el escorpión, le gritó:
- ¡Ves! ¡te lo había dicho! ¿Pero qué has hecho?
- No puedo evitarlo -contestó el escorpión antes de desaparecer en las aguas- Es mi naturaleza.

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